Publicado el 27-12-2008 en El Correo Gallego
El sábado a la noche tenía el vuelo de regreso y llegué a Barajas con la debida antelación; al coger la tarjeta de embarque observé que en lugar de citar mi número de asiento ponía las letras SBY; a la hora de partir dijeron que había overbooking, inmoralidad permitida por la Union Europea, sin importar nada que reservara hace más de un mes. Interpreto que dieron mi plaza a algún viajero de un vuelo retrasado. Quedamos colgados una decena, entre ellos los periodistas de La Voz de Galicia y la Cope que venían de cubrir el partido del Celta en Murcia que no se disputó. Algunos sin saber a donde fueron a parar sus bártulos. En ese instante dos individuos con la chaqueta de Iberia aparecen borrachos como cubas alardeando de su estado y montando un espectáculo; tengo testigos de que llegaron a abrazar a un pasajero. Tras ir de mostrador en mostrador, deambulando como ganado por el aeropuerto, nos dan una limosna económica y nos llevan en autobús al hotel de los desamparados; cena de menú, mala suerte los que escogieron sopa de sobre; el postre obligado es yogurt. Cotilleando me entero que tengo derecho a una llamada de 6 minutos, ¡Ni que fuéramos presos! Hay tiempo para deshacer la cama por tres horas. Desencajados por el cansancio volvemos a embarcar; al ser un viaje de negocios sólo llevaba equipaje de mano pero el escáner detecta algo sospechoso; inspeccionan mi desodorante asesino y me comunican:“ O lo factura o tendremos que destruirlo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario