San Lázaro, 15-2-2012
Se respetó tanto el himno de las austríacas que se sintieron con derecho de adelantarse en el marcador. Mariajo no atrapó un tiro inocente y Manhart se llevó el premio al oportunismo. El combinado de Quereda no se precipitó y mantuvo la filosofía de juego de toque. Sonia, interior culé que permutaba su posición con Adriana, puso dos centros de rosca fabulosos. Los cabezazos de Vero murieron en el travesaño y lateral de la red.
La parroquia, acostumbrada a la calefacción de Sar, pensaba más en combatir el frío que en arropar a la Roja. No se veían disfraces ni enamorados.A la media hora el speaker suplicó más respaldo.Aquí siempre fuimos más de teatro. Las visitantes ya se habían agazapado, dejando su suerte a las cabalgadas pegadas a la cal de la dorsal dieciocho.
Un máster en movimientos tácticos para la picheleira; recibía de espaldas, la aguantaba y descargaba a banda. Y nos deleitó con dos vistosos cambios de ritmo en una carrera.
Nuestra embajadora, perica de corazón, se acercó a ambos graderíos a dar las gracias. Tras paso por vestuarios aún le quedaba sonrisa para las fotos con los forofos, casi todas féminas. Y repartió de motu propio cintas del pelo. Su sello, nuestro orgullo.
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