Sala Capitol. Compostela (diciembre 2009)

Comentó la tirantez que le producía el cable del pinganillo. Tenía que estar tan tieso que se comparó con la Obregón. Luego se giró como para lucir la estampa de la sopa de tomate Campbell de la espalda de su chaqueta. “Sé que hay un debate sobre si estoy gordo. ¿Verdad que no es para tanto, que sólo son las cámaras?”
Había un grupo numeroso que no había venido porque la actuación era gratis, eran verdaderos amantes del flamenquito. Comenzaron a lanzar gritos de apoyo a los que el artista respondía a modo de rueda de prensa. Cuando quiso darse cuenta tenía a uno en el escenario con el torso desnudo; bajo el tatuaje del guerrillero argentino había una firma, ahora impresa en la piel, que el catalán le hiciera en otro concierto. Pensé en alzar la mano y preguntarle por Lucie Silvas ¡Seguro que me atendería con gracejo! Hubo fans que se crisparon por tanta interrupción.¿Estábamos en la plaza la abastos o en el mercadillo? Pero la mayoría optamos por disfrutar de un espectáculo tan atípico y surrealista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario