
El argumento semeja
rudimentario. Un puñado de hombres a la
deriva, “más feos que Picio”, se deciden a hacer un striptease para hacer
dinero rápido.¡Qué difícil es cambiar las mentalidades! Están hartos del paro
y los trabajos precarios. Pero esa situación de emergencia les mueve a estrechar
unos fuertes lazos de amistad. En una situación boyante reinaría el
individualismo.
El protagonista
despierta la empatía del espectador. Tiene liderazgo, carisma y, aunque fue
recluso, buen corazón. Su hijo, icono de madurez, sensatez y entusiasmo, es su
motor.

El viejo clasista se resistía a unirse a la
locura pero acabará coordinando a estos patos ma-reados . El baile es como “el
fuera de juego del Arsenal de Tony Adams”. ¿Con esta banda sonora quién no danzaría? Coreografías
rítmicas entre bobinas de cable. Hasta edulcoran la triste y protocolaria cola
del paro. Sufren momentos de dudas y debilidad. Miedo al fracaso, vergüenza a
exponer sus cuerpos ante una “manada de mujeres en celo” e incluso ante la
curiosidad de la Scotland Yard. Los límites sólo nos los ponemos nosotros
mismos.
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