sábado, 5 de agosto de 2023

Funchal

 

*Un paseo por la capital de Madeira


   A la espalda del Forte de San Tiago,en la Calle de Santa María, los restaurantes cercan a los turistas con mesas para que no se escape ni uno. Me dejo secuestrar. Hay que probar la sabrosa gastronomía local. Me aventuro con las lapas de concha brillante. Saben a mar, todo bien mientras no te fijes en la cabecita con cuernos.

 

  En las dos plantas del Mercado de Lavradores,de arquitectura modernista y azulejos costumbritas,pruebo frutos tropicales y coloristas, no conocidos por mis latitudes. Otro souvenir imperdible son las chaquetas, ponchos o mantas de lana. Importada desde luego.

 

 El Museo de Henrique y Francisco Franco,no se confundan pese a ser coetáneo, conserva la memoria de dos hermanos que se forjaron en París.  El primero de ellos, con autorretratos de mirada triste y paisajes geométricos a lo Cezanne. El escultor se vio afectado en los últimos años por las secuelas de un atropello.


  La Catedral, con techo mudéjar, se erigió a finales del XV, los tiempos de Don Manuel. El contrapicado desde la escalera recuerda a la plaza de España de Roma.


 

  En el Convento de Santa Clara, Monumento Nacional con influjo hispano, morisco y flamenco, no se permiten ciertas fotos pues los colegiales juegan en el recreo. 


  Colón está en todas partes. También se sienta en el Parque de Santa Catarina.Fue hasta 1939 el Cementerio de las Angustias. Tiene un lago con patos y una capilla. También hay más de un Zarco, descubridor de la isla que pisó primero Porto Santo.

 

   Cierran Poças de Gomes por el agresivo oleaje. Cruzo un húmedo túnel que me moja los pies. Aparece Praia Formosa, punto más occidental de la ciudad, donde los cantos rodados son proyectiles. Por aquí atacaron los corsarios franceses en el XVI. El socorrista hace sonar su silbato para que un joven no se bañe en cueros.


   La compañía ferroviaria para llegar a Monte se fundó en 1891 pero la última estación no se inauguró hasta 1912. La extensión de las vías casi alcanzaba los 4 km y se tardaba media hora en recorrerlos. Una de las paradas era en Atalhinho, junto al Grand Hotel Belmonte. La capacidad de los locomotoras era de 60 pasajeros. Desde la Gran Guerra el impacto del turismo se fue apagando. Además el tren se vio afectado por varios percances; en 1919 una explosión y en 1932 un descarrilamiento. La compañía entró en bancarrota y cerró sus instalaciones en 1943.

  Asciendo en teleférico.15 minutos suspendido en el aire para recorrer 3000 metros. La máxima altura que logran las 39cabinas sobre el suelo es de 39m.Pura numerología.La pantalla muestra la foto de rigor que tomaron abajo.Un parque de atracciones.


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Si hay una imagen icónica es la de los carros de cesto.Construidos artesanalmente con mimbre y madera. Los carreiros,por parejas y de blanco impoluto,llevan sombrero de paja y botas de goma que ayudan en las frenadas.Son 2km de descenso hasta la Estación dos Carreiros, en el Livramento, en una tradición que viene del siglo XIX. Cuesta ver turistas que sientan la adrenalina con sus ojos y no con los de su celular.

 

  En el Santuario de Nuestra Señora del Monte está la tumba de Carlos I, fallecido por neumonía en 1922.Sólo pudo ser emperador austrohúngaro 2 años y,tras su exilio en Madeira,apenas sobrevivió cuatro meses;mala suerte. Fue beatificado en 2004.


 

   Un aluvión arrasó con la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción en 2010. Sólo se salvaron una imagen de la Virgen y un crucifijo plateado torcido. "El poder de Dios" dice la única feligresa que allí ora. La restauración ha quedado brillante. 

jueves, 15 de junio de 2023

Albania está de moda



   *Artículo publicado en La Región (15-VI-2023)

En Skhoder dialogan mezquitas con iglesias ortodoxas y católicas. Muchos ciclistas,por supuesto sin casco. A mí tampoco me lo facilitaron. De camino hacia el lago queda en lo alto de la colina el Castillo de Rozafa. Suciedad. La vaca come entre la basura, paradigma del principal problema del país. Para cenar aconsejaría pasarse por la calle peatonal 28 de noviembre, fecha de la independencia albanesa.


Mezquita Parrucës


 Bajo al mar en Durres por unas pintorescas las escaleras de madera. A lo lejos, un paisaje de astilleros. Edificios puntillistas. El anfiteatro, en estado algo ruinoso,tiene casas incrustadas en su perímetro.


Anfiteatro de Durres

La Plaza Skanderberg de Tirana recuerda a un héroe nacional del siglo XV.  Cabalga todavía. También allí se encuentran la Ópera, el Museo de Historia y la Mezquita de Et´hem Bey, copada de originales frescos en motivos vegetales. Hay que descender al Bunk Art 2 para desenterrar la memoria de las víctimas del terrorismo comunista. El Air Albania con su torre rojinegra, es el estadio donde juega la Selección, amén de acoger también un centro comercial y el Hotel Marriott.


Plaza Skanderberg


Mezquita de Et´hem Bey

   Turno para el lindo pueblo de Berat. Me toca un día nublado. En Mangalem las casas se posan ordenadamente en la falda de la montaña.  Con esa plaga de ventanas, ojos indiscretos que miran al río. Para llegar a Gorica cruzo por el puente del mismo nombre, que antaño fue de madera.  Poco fluye el Río Osum de color cemento. La Subida a Kalaja, la zona del Castillo, es cansada. El premio, un encantador mirador donde ondea la bandera nacional. Hay un puesto para refrescarse. Agua, uvas, higos, ciruelas... Un aljibe con unos arcos XL donde flota la basura. Seduce la Iglesia de Santa Trinidad, del XIII-XIV, por ser tan distinta a las nuestras. Peinada con tejadillos de ladrillo rojo.







Iglesia de la Santísima Trinidad

   Es obligatorio un paseo crepuscular para buscar un restaurante para cenar. Perros dormitando en el paseo. Van y vuelven adolescentes bien vestidos. Ver y ser visto. Y abuelos compitiendo al dominó. El límite será el Hotel Colombo, coloso blanco de 5 estrellas, que fue sede de la Universidad.
Hotel Colombo

A tiro de piedra de la isla de Sazan y del tacón de Italia está Vlorë. Los pájaros revolotean sobre el mar, buscan su objetivo, se lanzan en picado y no fallan. Un pescador recoge sus redes y consigue bastantes capturas, que dan sus últimos coletazos untados en arena. La Mezquita Muradie tiene sus achaques pero sobrevivió incluso al terremoto de 1851. En la artería principal alquilan motos con batería de litio.  Y una simbiosis entre playa extensísima y zonas deprimidas en los suburbios.


Mezquita Muradie


   Llego a la Riviera. Lo más bello de Himare es Limadhi, su oculta cala de vivo oleaje.



   Saranda crece del mar a la montaña,con edificaciones de dudoso gusto. Con colmados de barrio para avituallar a los guiris. Por algún conflicto vecinal las discotecas deben dejar de hacer ruido antes de medianoche.



 Playa abarrotada en Ksamil. Los altavoces vociferan una canción. "Love, sex, American Express".


   En el bus que va a Butrinto un espabilado niño cobra con fluidez y coloca a la gente para que en el pasillo colapsado se abra algún hueco. Pese a todo se lleva la bronca del conductor. El yacimiento al que Virgilio bautizó como "Troya en miniatura" se encuentra en el Canal Vivari que conecta el lago con el Mar Jónico. Cantan las cigarras al sol. La Puerta del León, del IV a. C, representa a ese animal mordiendo a un toro y simbolizaba a los habitantes de Butrinto defendiéndose de sus enemigos. El busto de Apolo, cuyo original se conserva en Tirana, de frente parece una mujer y de perfil un varón.




Puerta del León
Puerta del León


lunes, 8 de mayo de 2023

Bordeando Ibiza

 


   Jesucristo volvería a enfadarse por el bullicio que convierte la Catedral en un mercado. En Dalt Vila vivían las clases pudientes y en la Marina los proletarios. El sacristán de la Iglesia de San Salvador, a la que algunos conocen como San Telmo, me aconseja un restaurante popular, de los de manteles a cuadros y carta no muy extensa. Las canonesas de San Agustín, amén de rezar, preparan cocas pero el encargo debe ser con dos días de antelación.

   Cruzada la zona portuaria se accede a la Playa de Talamanca, más atractiva y limpia que la de Bossa. Un joven de perilla poblada imparte clases de parcour a los niños.

   Los 16 grados y cielo plomizo nos impidieron disfrutar al máximo de Cala Llonga. Los hoteles blancos de fachada triangular se acoplan al relieve de la montaña.


   El Mercado de Punta Arabí es muy flowerpower. Deja limpios los aseos porque hasta Paris Hilton los usa. Creí que había ablandado al comerciante, un doble de David Guetta, pero a última hora, cuando ya me tenía en la jaula no me rebajó la camisa de flamencos ni un céntimo.

   La Playa de Aguas Blancas es de las que me gustan. Salvaje y de difícil acceso. Con recovecos bastante íntimos pero hoy la temperatura marina es propia del Atlántico.


  Cerca de San Carlos y embellecido con palmeras está el Mercado de las Dalias. Aparcamos en el colegio para no pasar por taquilla.Ya conocemos a varios vendedores.Uno confecciona cada camiseta con siete botellas de plástico recicladas.La italiana que vende juguetes de madera nos da la chapa con teorías conspiranoicas antivacunas y acusa a los nórdicos de imperialistas.

   No muy lejos de Portinaxt está el Faro de Moscater. El romero crece en las orillas del apacible sendero. Le doy al pico con un coruñés con tatuajes. La torre, dibujada con los colores del Valencia supera los 50 metros, 93 sobre el nivel del mar. 


   Benirrás cuenta con esas barracas que abundan en las Pitiusas y dan techo a las embarcaciones. Comparan a la roca,Es Cap Bernat,con un equino pero yo le veo cresta. Y una escalera que conduce a la espesura del bosque. Nos marchamos antes del espectáculo de percusión.

   En Cala Saladeta se pone el sol bastante antes que en Cala Salada. Las gaviotas buscan comida entre los cantos rodados.

   El paraíso no es gratis. El café del chiringuito de Cala Comte que sirve el simpático aficionado del  Sevilla supera los tres euros. Un niño con camiseta de Diego Armando me lanza unos penaltis hasta que un joven protesta de que le salpicamos con la arena. Las vistas son jugosas. A tiro de unas pocas brazadas la Isla des Bosc, una ensaimada gigante, y a unos 2km al este asoma la Torre de Rovira. 

   La famosa Cala D´Hort no me abruma.Algas y piedras.Aceptamos un consejo amigo y nos damos un homenaje. Desde el fino restaurante de letrero giratorio están las mejores vistas de Es Vedrá. Nos sirve media paella de marisco y tapa con un trapo la restante para que repose.



   Flamencos, más blancos que rosas, sumergen la cabeza en los humedales de Las Salinas. Vienen a vendernos bocadillos a la arena. Los locuaces senegaleses se especializan en manteles playeros. A nuestra vera, un señor alto, con gafas de sol, protege la calva con una visera. Aún no sé si era el conocido tertuliano y polemista.Y al fondo la sombra de Formentera. Nos acercamos a una pareja que subía a su coche de alquiler para pedirles que nos llevasen a la ciudad. Eran italianos, ambos fotógrafos de cine y moda,y no quisieron ni que le enseñáramos un billete.