domingo, 28 de junio de 2026

Mundo Púnico

*Un paseo por Túnez, el país de los cartagineses

   Primera impresión. Los turistas recién llegados son un blanco fácil en los vuelos baratos que aterrizan a la 1 de la madrugada. Los taxistas sacan codos para llevarse el botín.  Ajustamos un precio pero, casi de casualidad, descubrimos que nos quiere engañar con el cambio.Nos ponemos dignos,quizá un riesgo innecesario, y salimos del vehículo.  Cuando, ya dormidos, descubrimos las aplicaciones de movilidad todo es cómodo y baratísimo. 

   En los restaurantes no hay que temer un atraquito por el pan y los entrantes.  Eso sí, es un retroceso poco nostálgico ser atacado por los humos de los adictos.  

En cualquier parte aparece alguien que te ofrece acceder a su mirador privado. ¿Desconfío? Dan mucha conversación, te sacan fotos con los mejores encuadres ... Al final, sin presionarte demasiado, piden que eches un ojo a su negocio.Me interesa un platito de madera de olivo. Tras regatear y llegar a un acuerdo lo arroja al suelo.  "¡Garantía de cien años!". 

   La fachada de la iglesia de San Vicente de Paúl, sacerdote que fue vendido como esclavo en Túnez, tiene los brazos del Dios suspendidos en el aire.  Cuidado que a mediodía cierran para comer.  En el interior una Última cena en la que apenas se alimentan de pan.

Probamos el kymquat en el Mercado Central de Túnez. Visualmente sería como una mandarina con cuerpo de un kiwi diminuto. El frutero es claro."Se come todo, la monda le aporta la dulzura".    Es típico el té con piñones, que flotan por encima de la menta.

   Al otro lado de la Avenida Bourguiba, ese hombre a caballo es el primer presidente, está la Plaza del Reloj, protegida por chorros de agua y levantada tras las revoluciones de 2011.  



   Venden piña en la Plaza de la Victoria. Las palomas preparan su ataque. El llamativo hotel, con corona y banderas sobre la cabeza, fue antaño sede del consulado británico.Pasar bajo el Bab El Bhar, o Puerta de Francia, significa la entrada simbólica a la Medina.  Un tipo nos sumerge en el laberinto solo para que conozcamos la tienda de perfumes de su padre.

   Un niño,calzado con las chanclas de su padre, espanta a las palomas y se pone a orinar en el patio de la Mezquita Zitouna. Me he de cubrir las piernas con una pañoleta. 

   La Kasbah es la salida oeste de la Medina.  Nos dejan solos en el mundo.El Monumento Nacional es un transbordador patriótico.Sitio ideal para coger un taxi al Museo del Bardo

   Su colección de mosaicos es increíble, muchos de ellos marinos.Hermoso el de Ulises atado al mástil para resistir el canto de unas sirenas con piernas de ave. Sus compañeros taparan sus oídos con cera. Procede de Dougga y está inspirado en La Odisea.También espectacular el de Virgilio, inspirado por dos musas, que sostiene un pergamino con su Eneida.





   Es difícil no mojarse con las goteras del tren para llegar a Sidi Bou Said, pueblecito pintado con los colores helenos.

   Las vastas ruinas de Carthago, descuidadas y semicoultas por la vegetación, se extienden a ambos lados de las vías del ferrocarril. Las Termas de Antonino fueron destruidas por los vándalos y saqueadas durante siglos.Su estancia central es el frigidarium, aguas frías, y su icónica columna, recuperada por la Unesco, supera los doce metros de alto.



Bajamos a Susa en louage, taxi compartido. Por los gritos y la insistencia en que subamos a la furgoneta parece un secuestro.

   A las cuatro y media de la mañana me despierta la llamada a la oración. El clima fresco nos impide disfrutar de la espaciosa playa. Entramos en la Medina. Puertas de diseño, con colores vivos o tachuelas,piden ser fotografiadas. Un chico con una amabilidad sobresaliente nos enseña una mezquita; nos regala agua, incienso y dátiles, los más transparentes son de mejor calidad. El lado más bondadoso del islam. El Ribat ofrece las mejores panorámicas.





   Una de las joyas del Museo Arqueológico es el mosaico de la Medusa. Ocho serpientes brotan de sus cabellos y el medallón es rodeado por escamas que simbolizan su súperpoder de petrificar solo con la mirada.Menos famoso y no menos expresivo es el Mosaico del poeta y el actor que aparecen ensayando entre máscaras.Casi apetece tomar un jacuzzi en el baptisterio de Bekalta, hermosa pila bautismal bizantina ornamentada con aves.




Hay un espléndido restaurante de pescado junto a la lonja. Sirven comidas, no cenas.Pagas el precio al peso del ejemplar fresco y te invitan a la guarnición y a la sopa.Id, seréis felices.


   El Anfiteatro de El Djem es el cuarto más potente del mundo romano. La capacidad, discutida entre los historiadores, rondaría los 30.000 espectadores.Consta de tres plantas de arcadas, la primera y tercera de orden corintio mientras la segunda es compuesto.Subían a las fieras desde el sótano a la arena por medio de montacargas.  Había luchas de gladiadores pero no batallas navales pues el recinto no era estanco.Cuentan que en el siglo VII una princesa bereber, Kahina, luchó contra los ejércitos árabes invasores y acabó aquí acorralada durante cuatro años.El final fue trágico, su amante la traicionó y decapitó.

   Nos cuentan que en el sur algunos se han de buscar la vida vendiendo gasolina de contrabando. Las casas trogloditas de Matmata son de arcilla y mantienen una temperatura constante. Casi todas con la misma estructura, un patio central alrededor de las habitaciones. Tienen a la vista algunos símbolos en la fachada. La mano de Fátima, hija del profeta Mahoma, protege contra el mal de ojo y confían que el pez proporcione fertilidad.  A mí lo de Star Wars me parece una galaxia muy lejana.


Delicioso el cuscús que nos sirvieron en Douz. Sigo sin saber si la carne es de dromedario.

   El Lago de Chott el Jérid es salado porque hace millones de años estaba cubierto por el mar. Puedes correr sobre su superficie pues la mayoría de su agua se ha evaporado.

   Un conductor picado nos adelanta por el arcén del carril contrario. En el oasis de Chebika me compro un escorpión disecado y no me atrevo a quitarlo de su caja pues su aguijón sigue erecto. Me obsequian con una rosa del desierto. Pierdo la cartera. Taquicardia.  Corro hacia atrás por si me ha caído en la última compra. El mercader bereber levanta en alto un objeto de color marrón que antes fue amarillo. "Tú puedes mirar. Tú revisar".