viernes, 13 de mayo de 2016

La reinvención de Cela



*Conferencia de Luis Iglesias Feijoo
en la Fundación Camilo José Cela
por el centenario del nacimiento
del Nobel gallego (11-5- 2016)



   “Estoy por comprar una entrada para que me la enseñen”. Bromeaba Camilo José Cela Conde bajo el umbral de la puerta de entrada de la Fundación de su padre tras la ofrenda floral.

   Luis Iglesias Feijoo, patrono de la Institución, nos abrió el apetito y sirvió de acicate para leer algunas páginas del Nobel que no hubiéramos visitado todavía. Sin ruegos ni preguntas.

   Desde su juventud mostró interés por los versos. Su “innegable tono lírico”, propio de los poetas,se encuentra toda su obra. Ya ocurría en Valle Inclán al que el de Iria mostró aprecio. En 1996 reunió toda su poesía en un libro con un estudio preliminar de José Ángel Valente.

   Siempre recibió críticas furibundas. Pascual Duarte fue tachado de “inframundo inhumano tremendista”. Pabellón de Reposo carecía de acción e intriga.   El Lazarillo, una nueva vuelta de tuerca a la picaresca. La crítica no entendía que La Colmena no siguiese el tradicional proceso de exposición, nudo y desenlace. La Catira no lograra captar el lenguaje de Venezuela. San Camilo 1936, ambientado en la Guerra Civil, no gustó a la mayoría pero cuando publicó Oficio de Tinieblas 5 ya preferían la anterior. Desagradó Mazurca para dos muertos, emparentada con la música, que hoy para muchos está entre las tres mejores obras de Cela. El asesinato de un perdedor, que habla de la indeterminación que rige la ficción, no fue muy atendido. La cruz de San Andrés sólo se recuerda por un pleito por plagio.



   La sociedad se mueve lentamente en sus gustos. “Y Cela nunca se vendió al éxito fácil  de aplicar una fórmula ya existente”. Experimentos y desafíos. Aplicó la máxima de que el que resiste gana. “El triunfo es una larga paciencia”. No claudicó. Ya en 1953 ironizó con que “la novela es todo libro bajo cuyo título se pone la palabra novela”. 

   Decían que se burlaba de sus personajes, que eran marionetas, estampas de esperpento. “Eran peleles para hacer reír; no le podemos pedir que sean Aristóteles o Séneca.”

   En sus libros de viajes demostró que la tierra española estaba dispuesta a ser retratada para quien quiera gastar un par de zapatos.   Dos libros de memorias. Memorias, entendimientos y voluntades desilusionó a muchos que esperaban que continuase el tono lírico de La rosa, escrito más de tres décadas antes. 

   También abordó los cuentos, ensayos y apuntes carpetovetónicos. Y un teatro nada convencional y cercano a la ópera. Incluso adaptó La resistible ascensión de Arturo Ui, de Bertolt Brecht. Se volcó en diseñar diccionarios secretos y uno geográfico que quedó inacabado. Preparó ediciones de El Quijote. Impulsó la Editorial Alfaguara. Estuvo al frente de Son Armadans, revista en la que vigiló cada línea. 

   El hombre que se acordó del pintor Solana en su discurso de entrada a la Real Academia aglutinó la obra de un gigante. La inspiración venía tras horas de trabajo. Una soledad creadora.

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