la ciudad más espectacular de nuestro planeta achatado
En Los restaurantes,
gastronomía local o comida rápida, también aparece la omnipresente imagen de
Atatürk. Alienación. Salchichas sin cerdo, ensaladas con pepino y perejil a
granel, sopas de especias aliñadas con limón, cerezas… Mejor colonia que jabón
para lavar las manos.
Té hirviendo para colmar la sequedad
bucal. Y sus melifluas sobremesas son a base de pistacho, hojaldre, miel y
pasas. Sonrisas anaranjadas. Echan un vistazo a periódicos de grandes dimensiones
o juegan una táctica partida de backgammon.En
mi religión no cabe raki ni narguile.

Pequeños toques de
claxon para adelantar. Ni aspavientos ni improperios.No te sientes junto a una
oriunda en el bus ni subas los decibelios a riesgo de una reprimenda.El tranvía
va de lujo.
En el hammam me
derrito diez minutos en una sauna a setenta grados. Contraste con agua fría.
Aparecen dos masajistas con bigote.Nos giran dejando ver tímidamente nuestras
vergüenzas y nos enfundan un taparrabos. Ahí sentí amenazada mi virilidad.Con
una áspera esponja liman asperezas cutáneas.Y nos enseñan esos
despojos,borras,burlándose cariñosamente.En los masajes alternan ademanes
suaves y bruscos.Alardean de su conocimiento articular. Una bolsa de espuma.
Reposo en las nubes. Y los ojos turcos de la buena suerte ciegan mi intimidad.
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