
La vi de niño en
pantalla grande y no entendí de la misa la mitad. Y si fuese adolescente me
ocurriría igual. Por inocente, sanote y tardío. Ahora me sigo tapando los ojos
cuando veo una jeringuilla compartida penetrando en una vena “apestosa y purulenta”.
La cinta de Danny
Boyle es leyenda. Por estética, diálogos, ritmo y música. Sus canciones jamás
caducan. Las cintas de casette sí. Los hábitos
de una generación perdida. Los que escogieron el camino errado.

La acción
transcurre en Edimburgo. “Es una mierda ser escocés. La basura más servil y
miserable. Estamos colonizados por los ingleses. Unos soplapollas!”. Al menos comparten
el mismo desayuno que su metrópolis. Salchichas, bacon y habas con tomate.

Siempre quedará el
fútbol. El opio del pueblo. “Me siento
tan bien como cuando Archibald marcó a Holanda en el 78”.Pero ni el golazo del
zurdo regordito hizo que su selección se llevara una alegría en el Mundial de
Argentina. Como siempre, fuera en primera fase.

La película que
mejor ha reflejado la paranoia. Introducirse
en un retrete mugriento para bucear por
mares cristalinos. Ese bebé horroroso gateando por el techo y girando su cabeza
ciento ochenta grados. Un cuerpo yacente que se embalsama en una alfombra. Mítico.
Serán sus padres
quienes, abatidos, de verdad combatan el problema de raíz. Arresto
domiciliario. A convivir con tu orina, tus heces y tus vómitos. A pelearte con
tu fuerza de voluntad. La rehabilitación es lenta.Incluso cuando te crees
limpio puedes caer en la depresión.
Mark se va a
Londres en busca de una oportunidad. “La ciudad del pelotazo donde cualquier
idiota podría sacar partido”. Trabaja en
una inmobiliaria. Se adapta bien. Alquila casas victorianas por semanas. Pero cuando vienen a verlo sus colegas
regresan los riesgos y la inestabilidad. “Unos manguis de poca monta con un gran negocio entre las manos”.No
pestañees que viene el desenlace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario