viernes, 2 de mayo de 2014

Oda al fútbol en Bucarest

Crónica del trepidante Steaua de Bucarest 3-3 Nápoles
Partido de la UEFA Europa League (30-9-2010)
Publicado en La voz de Galicia(en soporte digital)


Puedo darme con un canto en los dientes. Mi visita al estadio Ghencea de Bucarest coincidió con un memorable duelo entre el Steaua y el Nápoles, rivales del Liverpool en la Europa League. No pude resistirme a hacerme una foto con la mascota del equipo, la estrella amarilla que aparece en su escudo. Pagué sólo cuarenta lei, diez euros, por un asiento en la Peluza sur, fondo que aprovechaba una colina.Los urinarios, portátiles. Todos de pie porque la noche era fría y estábamos desguarnecidos. Rumbo al invierno.

 O al infierno.Guerra de aficiones radicales. De la jaula de los tifosi, pocos metros a mi izquierda, comenzaron a volar bengalas y sillas que en seguida eran devueltas. Partido de ping pong.Los locales ya quemaban alguna bandera italiana.Los antidisturbios hubieron de crear una barrera mayor. Volví a mirar al césped y el espectáculo ya comenzara.

En el minuto quince los rumanos se la prometían felices con un rotundo tres a cero.Un rebote abrió el melón. Tanase, que junto con Apostol mandaba en la medular, ejecutó con fortuna y maestría un tiro libre desde el ataque izquierdo. El tercero fue un remate inverosímil de Kapetanos con la izquierda tras un centro espléndido al segundo palo. Pero el griego se hizo el harakiri y se expulsó tras propinar un puñetazo sin balón; si supieran el desenlace no saldría ovacionado; su víctima en cambio fue pitada desde entonces. Y cuando la primera parte expiraba el lateral zurdo napolitano encontró la portería indefensa tras una falta al poste. Psicología pura.

    Pero en la reanudación el empuje del Nápoles sólo fue el esperado cuando entró Hamsik, el último mohicano eslovaco, quien dibujó un remate en parábola que se coló por la escuadra. A comerse las uñas. Antes, el recordado Nicolita mandara un centro chut a la madera y el rechace también lo escupió el travesaño. Cuando el electrónico se congeló en el noventa se alzó la tablilla con cuatro minutos de añadido. Puse mi crono. Inmediatamente el guardameta local se va al suelo y en una pantomima de libro araña dos minutos de oro; otro respiro con un cambio de cromos. Luego asedio total. Nervios en la grada. Centros y remates. El árbitro esperaba al noventa y siete pero a Cavani le sobró un segundo.El superclase uruguayo, que ya asistiera con el pecho en el segundo gol, engatilló con frialdad tras controlar un balón llovido. A mi lado un espectador pateó con rabia mi butaca. Será mejor que me vaya que la guerra no respeta a los neutrales.

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