martes, 16 de agosto de 2016

La cresta de la ola





Crónica del España 92-73 Argentina  (15-8-2016)
Quinto y último partido del Grupo B de los Juegos de Río
La Roja pasa segunda de grupo y la Albiceleste cuarta



   Habían ganado los anfitriones. A cara o cruz. A cara de perro. No puedes saltar siempre sin red si empiezas con dos tropiezos y un susto. Ginóbili,sigue ahí,empezó entonado.Juan Palomo se pasó el partido sin mirar a sus compañeros. Un mal endémico en su equipo. El 0-8 inicial fue un capítulo anómalo. Rudy se coló en la fiesta.  En un suspiro la Roja ya doblaba a su oponente.   A fin de cuarto se medía el talento de los bases de Hogwarts, Chacho y Chicho Terremoto. Una vez quedó emparejado Facundo con Hernangómez y no tuvo más remedio que sacar el cúter.  



   Gasol estaba currando de lo lindo atrás. En ataque apenas anotó la mitad de sus veinte intentos.  Pero le bastaba para merendarse a Scola.  Con su tercera falta pronto se convertía en una estatua de sal. Mirotic, con su barba efecto descuidada,seguía amagando con lanzar de tres. La renta ya era muy holgada. Pero la entregada hinchada movía los brazos como solo ellos hacen.
   Estábamos a punto de ver algo insólito. Nocioni negándose a defender. Luego una técnica. Eso ya no era extraño.  Navarro vio dos técnicas consecutivas y marchó a la ducha. Los árbitros se habían puesto justicieros. Ni un reproche más. Interrupciones y apagones.   El tiempo no corría ni en el peluco de Scariolo.El transalpino dio unos segundos de vida a Calderón. Laprovittola cargó con la bandera,iluminado por el Sol de Mayo.El estudiantil acudía a menudo a los 4´60.


   Incluso España se anotó ese atropellado tercer parcial. Brussino bracea más que Fernando Redondo. En balompié la bochornosa agresión de Deck a Reyes es roja directa.Con todo el pescado vendido debutó Lobezno.La ÑBA con el ánimo de un alpinista. Necesita doblar la espalda para crecer. Aunque el Tío Sam transmita dudas no parece que este combinado pueda toserle a los Durant, Carmelo y Thompson.  Pero ahí está el espíritu gaucho. Ponerle el pecho a la bala.  

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