Auschwitz se llama
Oswiecim. Un cementerio sin tumbas. El epicentro de la barbarie. La espinilla
del Holocausto. El campo base fuera
cuartel de los bomberos del Imperio AustroHúngaro. Apenas seis hectáreas
rodeadas por un riachuelo. Como no podía ampliarse en octubre del 41 cuatro mil prisioneros
soviéticos inician la construcción de Birkenau. 176 hectáreas y 16km de fosos. Hicieron
el segundo y tercer sector; seguirían si Alemania tuviese mejor sino en la
guerra.
Los deportados eran
separados por sexos. Solo aceptaban a un veinte por cien. El resto, directos a
las cámaras de gas. Hambre, frío y tifus harían la siguiente criba. Sólo
aquí se hicieron tatuajes, aunque no a todos. Los pijamas de rayas no eran
suficientes. Al revés que en Mauthausen, un noventa y cinco por cien de los
prisioneros trabajaban fuera de Auschwitz: en minas de carbón, en el
campo… Más de medio millar por
barracón. Hacinados. Dormían en el suelo, en montones de paja. Las camas aparecerán
en Birkenau.
Tomaban sopa con harinas, patatas o remolacha y té elaborado con abedul u ortigas. Muchos sufrían de diarrea. Los nazis dormían fuera para regatear a la tuberculosis. El hospital apenas contaba con aspirinas y agua sucia. Una batalla perdida. El doctor Mengele estaba más preocupado en realizar exámenes antropométricos. El objetivo era averiguar como conseguir gemelos para multiplicar la prole germana.

En la primavera del
43 empieza el exterminio a nivel
industrial. Un año antes iniciaran la “Solución Final” los campos de exterminio
del Este:Majdanek,Belzec,Sobibor, Treblinka y Chelmno.
Las únicas fotografías que se conservan del
infierno, apenas doscientas, son de final de mayo del 44.Un regalo de los nazis
a la historia.Hacen referencia a la llegada masiva de judíos húngaros. Fueron
en total más de cuatrocientos mil, por delante de polacos, franceses,
holandeses, griegos y checos. El viaje más largo procede de la isla de Rodas, veintisiete
días de trayecto.
El comandante
Rudolf Höss presumió de dos millones y medio de víctimas pero oficialmente
están reconocidas un millón cien mil. Más de doscientos mil niños. Veintitrés
mil gitanos. Un papá ejemplar, dicen. Fue juzgado y ahorcado en el propio campo, muy
próximo a su casa, en 1947.
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